Por Manuel de Prado* para Periodista Digital

Mientras Europa, y el resto del mundo donde amamos las garantías que la democracia nos ofrece, respira aliviada tras la victoria de Macron, este último mientras tanto respira un poco más agitado ante el marrón que se le viene encima.

No es fácil ser presidente de la República francesa, del mismo modo que no es fácil ser jefe del Estado de cualquier otra nación, y sí, en estas también incluyo aquellas que no le tienen tanto amor a la democracia. Pero al menos en los sistemas democráticos existe la división de poderes, lo que hace que exista un poder Legislativo que controle de manera eficaz al Ejecutivo, evitando que este pueda hacer lo que le venga en gana.

El poder legislativo en Francia al igual que en España es bicameral, pero a diferencia de España, la Asamblea Nacional se elige por un sistema que elimina de forma práctica la partitocracia. Este sistema es el Diputado de Distrito. Los representantes franceses son elegidos nominalmente, en un sistema de doble vuelta, por un distrito único al cual representan. Si bien los candidatos se presentan generalmente por un partido político, la presentación libre es posible, regulada por un sistema de avales. Y éste es el marrón que tiene ahora mismo Macron. Necesita armar candidaturas que desde un movimiento cívico tengan opciones de ganar distrito a distrito a los candidatos, en muchos casos grandes favoritos, del Frente Nacional de Le Pen, de la Francia Insumisa de Melenchon, y de otros partidos más tradicionales, como el partido Republicano y el Partido Socialista. Si estas elecciones se realizaran en España, seguramente Macron lo tendría muy mal, con un legislativo multicolor, y con representantes que solo rinden cuentas a los intereses de sus partidos, sin pensar en los ciudadanos que los eligen sino en los intereses que cada partido considere importantes de cara a las siguientes elecciones. La pleitesía al “amado líder” de turno, y la capacidad de tragarse sapos del tamaño de ovejas marca quien está en las listas electorales, y no la capacidad real de cumplir con tus votantes, que no electores.

Sin embargo, en Francia, el resultado de la Asamblea Nacional tiene mucho más que ver con lo bien o lo mal que lo hayan hecho los diputados de distrito electos en las anteriores legislativas. Los electores, no meros votantes, eligen a su candidato incluso entre varias opciones dentro de un mismo partido. El poder de los partidos es mucho menos relevante, y como prueba, que el presidente electo no estaba en ningún partido, sino en un movimiento cívico. Dada la tendencia vista en las presidenciales, bien pudiera ser que el vuelco sea importante, pero está claro que a la hora de llegar a acuerdos tras la primera vuelta, Macron va a tener que ceder mucho más que lo que necesitó para las presidenciales, pues con el sistema de Diputado de Distrito a doble vuelta, los candidatos que lleguen tienen que demostrar la defensa de su distrito por encima de los intereses del partido. Ahora empieza en Francia la hora de hacer política de verdad, negociar, llegar a acuerdos, y luego cuando las cartas estén repartidas, Macron, el Ejecutivo, tendrá que seguir negociando con un Legislativo muy fraccionado, en el que cada voto dependerá no solo de los programas de su partido, sino también de los intereses de cada distrito. Por eso veremos medidas del gobierno que apoyarán representantes del Frente Nacional y de Francia Insumisa. De la capacidad de negociar con todos los distritos, dependerá que Macron se convierta en el presidente que alivió a Europa, o el que por el contrario dio las alas que le faltaban a los populismos.

La representación de la voluntad popular, que no es más que la soberanía nacional, tiene distintos caminos en la distintas naciones democráticas, pero las naciones con una tradición democrática más antigua han sobrevivido a la partitocracia gracias al sistema de representación del Diputado de Distrito. Tal vez ahora que se habla de reforma electoral en España y en muchas de sus autonomías, habría que darle una vuelta a la idea de cambiar de paradigma, entregando el poder de decisión a los ciudadanos, y quitándoselo a los partidos políticos.

*Manuel Prado es Portavoz del movimiento #DiputadoDeDistrito en Santa Cruz de Tenerife

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